Susan Sarandon alza la voz en los Goya: ‘Ni violencia infantil ni silencio ante Palestina
La noche de los Premios Goya 2026 se vistió de emociones intensas y reflexiones profundas cuando la icónica actriz Susan Sarandon subió al escenario para recibir el Premio de Honor, un reconocimiento a su trayectoria artística y a su incansable activismo social. Con la elegancia que la caracteriza, pero también con una firmeza que dejó huella, la intérprete aprovechó su momento bajo los reflectores para alzar la voz por una causa que, aseguró, le quema el alma: la crisis humanitaria en Gaza.
Con palabras medidas pero cargadas de convicción, Sarandon se declaró abiertamente “propalestina”, un término que, en sus labios, no fue una etiqueta política, sino un llamado a la empatía y a la acción. “No puedo quedarme callada cuando veo el sufrimiento de un pueblo entero”, afirmó, mientras el auditorio, acostumbrado a los discursos protocolarios, guardaba un silencio expectante. La actriz, conocida por su compromiso con causas sociales —desde los derechos civiles hasta la lucha contra la guerra—, recordó que el arte no puede ser ajeno a la realidad que lo rodea. “Como artistas, tenemos una responsabilidad: usar nuestra plataforma para dar voz a quienes no la tienen”, sentenció, arrancando aplausos que resonaron más allá del teatro.
Su intervención no fue un simple gesto simbólico. Sarandon detalló cifras que, aunque conocidas, rara vez ocupan los titulares con la urgencia que merecen: miles de civiles atrapados en un conflicto que ha dejado ciudades enteras reducidas a escombros, familias separadas y una generación de niños marcados por el trauma. “No se trata de bandos, sino de humanidad”, insistió, subrayando que la solidaridad no debe tener fronteras ni condiciones. Su discurso, lejos de polarizar, buscó tender puentes, invitando a la audiencia a informarse, a cuestionar narrativas simplistas y, sobre todo, a actuar. “La indiferencia es cómplice”, advirtió, una frase que quedó flotando en el aire como un recordatorio incómodo pero necesario.
La veterana actriz, cuya carrera abarca más de cinco décadas de cine memorable, cerró su intervención con un llamado a la esperanza. “La paz no es un sueño inalcanzable, pero requiere valentía: la valentía de alzar la voz, de exigir justicia y de no mirar hacia otro lado”. Sus palabras, pronunciadas en un español impecable aunque con un dejo de acento que delataba su origen neoyorquino, resonaron como un eco de otras voces que, a lo largo de la historia, han usado el arte como herramienta de cambio. El público, en pie, le dedicó una ovación que duró varios minutos, no solo por su legado cinematográfico, sino por su capacidad para convertir un escenario de gala en un espacio de conciencia colectiva.
Más allá del brillo de los vestidos de diseñador y las sonrisas de las estrellas, esa noche los Goya recordaron que el cine, en su esencia, también puede ser un acto de resistencia. Y Sarandon, con su discurso, demostró que, incluso en la vejez, la rebeldía y la compasión no tienen fecha de caducidad.
